Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios publicitarios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics y Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de privacidad.

Preocupación de la Fed aumenta ante posible guerra con Irán

Los funcionarios de la Reserva Federal están cada vez más preocupados por la guerra con Irán

El conflicto en Medio Oriente está comenzando a alterar las perspectivas económicas de Estados Unidos y a intensificar las tensiones dentro de la Reserva Federal. La persistencia de la inflación, el aumento de los costos energéticos y las interrupciones en las cadenas de suministro están complicando las decisiones sobre las tasas de interés.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está generando efectos cada vez más visibles sobre la economía global y, particularmente, sobre la política monetaria estadounidense. Lo que inicialmente parecía un conflicto con consecuencias económicas limitadas se ha convertido en una fuente creciente de preocupación para los responsables de controlar la inflación en Estados Unidos.

Dentro de la Reserva Federal comienzan a surgir diferencias más marcadas sobre cuál debe ser la respuesta adecuada frente al nuevo escenario internacional. Algunos funcionarios consideran que las presiones inflacionarias podrían mantenerse bajo control y permitir futuros recortes de tasas de interés. Otros, en cambio, advierten que el conflicto podría provocar un repunte más persistente de los precios y obligar incluso a endurecer nuevamente la política monetaria.

En un periodo particularmente sensible para la economía estadounidense se desarrolla la discusión, pues, aunque la inflación ha disminuido algo en comparación con los picos registrados en años anteriores, aún se mantiene por encima del objetivo oficial del 2 % establecido por la Reserva Federal.

El prolongado conflicto en Irán ha complicado aún más ese panorama, afectando mercados energéticos, elevando costos de materias primas y generando nuevas tensiones sobre las cadenas globales de suministro.

El cambio de tono dentro de la Reserva Federal

Cuando los funcionarios de la Reserva Federal se reunieron a mediados de marzo, pocas semanas después del inicio de la guerra, el presidente del banco central, Jerome Powell, mantenía un tono relativamente optimista respecto al impacto económico del conflicto.

En ese momento, Powell planteó que los efectos inflacionarios serían probablemente pasajeros y se concentrarían sobre todo en el ámbito energético, una apreciación que dejaba abierta la opción de implementar al menos un recorte en las tasas de interés durante el año.

Los mercados financieros interpretaron aquellas declaraciones como una señal de que la Reserva Federal todavía consideraba viable comenzar una flexibilización monetaria si la inflación continuaba moderándose.

Al mismo tiempo, en Wall Street crecía la expectativa de que Kevin Warsh, el candidato respaldado por Donald Trump para suceder eventualmente a Powell, apoyara una política de tasas más bajas si llegaba a ocupar la presidencia de la institución.

No obstante, la situación se transformó con rapidez.

La guerra en Irán se extendió mucho más de lo previsto inicialmente y comenzó a generar efectos económicos más amplios y persistentes. Diez semanas después del inicio del conflicto, la percepción dentro de la Reserva Federal parece haberse vuelto considerablemente más cautelosa.

En la última reunión del banco central, realizada a finales de abril, quedó patente la existencia de desacuerdos entre varios integrantes del comité de política monetaria.

Tres altos funcionarios manifestaron públicamente su desacuerdo con el tono de la declaración oficial difundida tras la reunión, en especial con la postura de conservar un sesgo expansivo que insinuara posibles recortes de tasas en el futuro.

Las voces que advierten sobre una inflación que podría prolongarse

Las presidentas de la Reserva Federal de Cleveland y Dallas, Beth Hammack y Lorie Logan, junto con el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, expresaron con claridad su inquietud por la posibilidad de un renovado repunte inflacionario.

En sus comunicados difundidos tras la reunión, los funcionarios expresaron dudas sobre si la Reserva Federal estaba ofreciendo una claridad adecuada respecto al aumento del riesgo de que las tasas permanezcan altas por un periodo más prolongado o incluso vuelvan a incrementarse.

A pesar de que únicamente tres integrantes manifestaron sus discrepancias de forma pública, diversos economistas estiman que las inquietudes podrían estar mucho más extendidas dentro del comité.

El sistema de la Reserva Federal está integrado por 19 miembros, pero solo 12 tienen derecho a voto en las decisiones formales de política monetaria, lo que implica que podrían existir otros funcionarios que compartan la misma preocupación sin haber expresado abiertamente su desacuerdo.

Analistas expertos en política monetaria señalan que esta fractura interna evidencia lo complejo que se ha vuelto descifrar el rumbo de la inflación en un contexto internacional tan volátil.

La inquietud central se enfoca en cómo evolucionan las expectativas inflacionarias, pues si tanto los consumidores como las empresas empiezan a asumir que la inflación seguirá elevada por un periodo prolongado, podrían ajustar sus decisiones económicas de tal forma que los incrementos de precios acaben consolidándose.

Precisamente ese riesgo es uno de los elementos que más preocupa actualmente a varios integrantes de la Reserva Federal.

La influencia del conflicto en el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento

Uno de los factores que más ha enredado la situación económica es que el conflicto en Medio Oriente dejó de impactar únicamente al petróleo.

Las tensiones vinculadas con Irán empezaron a perturbar el acceso mundial a diversas materias primas estratégicas, entre ellas fertilizantes, aluminio y helio, insumos fundamentales para múltiples industrias.

El encarecimiento de estos materiales está obligando a empresas de distintos sectores a reorganizar sus cadenas de suministro y buscar nuevas estrategias para garantizar abastecimiento.

Diversas compañías han comenzado a adelantar compras, diversificar proveedores y aumentar inventarios para reducir riesgos frente a posibles interrupciones adicionales.

Las encuestas empresariales más recientes muestran que muchas organizaciones consideran que la incertidumbre logística y de suministro volvió a convertirse en uno de los principales desafíos operativos.

La situación evoca en parte los retos vividos en los primeros años tras la pandemia, etapa en la que las cadenas globales de suministro experimentaron severas disrupciones que impulsaron presiones inflacionarias a escala mundial.

Un indicador que los economistas siguen con especial atención es el Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global, desarrollado por la Reserva Federal de Nueva York.

En abril, este indicador mostró un alza notable que lo llevó a su punto más elevado desde 2022, una variación que evidencia un marcado deterioro en las condiciones de suministro internacional y mayores complicaciones para trasladar o adquirir ciertos productos.

John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, admitió públicamente que el repunte del indicador pone de manifiesto serios inconvenientes en el desempeño de las cadenas de suministro globales.

El riesgo de una nueva ola inflacionaria

La posibilidad de que las interrupciones actuales originen una fase inflacionaria más prolongada inquieta especialmente a los responsables de política monetaria.

Lorie Logan advirtió recientemente que el conflicto en Medio Oriente podría provocar interrupciones prolongadas o repetidas en los mercados de suministro, aumentando así las presiones inflacionarias.

La Reserva Federal enfrenta el desafío de que la inflación permanece desde hace tiempo por encima del objetivo oficial del 2 %, lo que aumenta la probabilidad de que consumidores y empresas terminen considerando normales unos niveles de inflación persistentemente altos.

Cuando sucede esto, la inflación deja de basarse solo en influencias externas y comienza a incorporarse en la dinámica habitual de la economía.

Las empresas comienzan a subir precios anticipando mayores costos futuros, mientras que los trabajadores exigen salarios más altos para compensar el aumento del costo de vida.

Ese proceso podría dar lugar a un ciclo complejo de revertir, forzando a los bancos centrales a sostener políticas monetarias más duras durante lapsos aún más extensos.

Así, varios funcionarios de la Reserva Federal estiman que el escenario actual exige actuar con mayor cautela antes de contemplar un recorte en las tasas de interés.

Las expectativas inflacionarias siguen bajo vigilancia

Desde que comenzó el conflicto, las expectativas de inflación han pasado a ser uno de los indicadores que la Reserva Federal observa con mayor atención.

Jerome Powell ya había advertido en marzo que la manera en que el público anticipara la evolución futura de los precios tendría un peso significativo en las decisiones del banco central.

La institución pone un énfasis particular en las expectativas de inflación a largo plazo, pues actúan como un indicador de la confianza en la capacidad de la Reserva Federal para mantener bajo control los precios.

Si la población confía en que la inflación terminará por estabilizarse, las decisiones económicas suelen permanecer bastante constantes, pero cuando esa confianza se debilita, tanto consumidores como inversionistas pueden adoptar conductas que intensifiquen aún más las presiones inflacionarias.

Hasta ahora, varios indicadores muestran que las expectativas de inflación de largo plazo permanecen relativamente estables.

Encuestas realizadas por instituciones como la Universidad de Michigan, la Reserva Federal de Nueva York y el Conference Board indican que gran parte de los consumidores todavía cree que la inflación terminará moderándose con el tiempo.

Neel Kashkari reconoció recientemente que estos datos resultan tranquilizadores para quienes diseñan la política monetaria.

Sin embargo, algunos indicadores financieros comenzaron a mostrar señales menos favorables.

Entre los indicadores más relevantes figura la tasa de equilibrio inflacionaria a diez años, una referencia empleada para estimar cómo evolucionará la inflación futura según la percepción de los mercados financieros.

Este indicador alcanzó recientemente su nivel más alto en tres años, lo que generó nuevas dudas sobre la percepción de los inversionistas respecto al futuro de los precios.

El difícil equilibrio entre inflación y crecimiento

La Reserva Federal enfrenta actualmente uno de los escenarios más complejos de los últimos años.

Por un lado, necesita evitar que la inflación vuelva a acelerarse debido al impacto del conflicto internacional y las interrupciones de suministro. Por otro, un endurecimiento excesivo de la política monetaria podría afectar el crecimiento económico y debilitar el mercado laboral.

Las tasas de interés elevadas ya están generando presión sobre distintos sectores económicos, especialmente aquellos más dependientes del crédito, como vivienda, manufactura y pequeñas empresas.

No obstante, bajar las tasas demasiado pronto también podría implicar riesgos si las presiones inflacionarias vuelven a cobrar fuerza.

Este delicado equilibrio explica las crecientes divisiones internas dentro de la Reserva Federal.

Algunos funcionarios estiman que la economía aún sería capaz de absorber cierto nivel de relajación monetaria si la inflación continúa disminuyendo de forma gradual.

Algunos sostienen que el conflicto en Medio Oriente ha transformado por completo el escenario y que la institución tendría que alistarse para sostener una posición más estricta durante un periodo prolongado.

Los mercados financieros permanecen alerta ante cualquier indicio

Las diferencias dentro de la Reserva Federal también están siendo observadas cuidadosamente por inversionistas y mercados financieros internacionales.

Las previsiones acerca de cómo podrían variar las tasas más adelante repercuten de forma directa en bonos, acciones, hipotecas y en las decisiones que toman las empresas.

Cualquier señal de que la Reserva Federal podría retrasar recortes de tasas o incluso considerar aumentos adicionales puede generar volatilidad en los mercados.

Además, la incertidumbre relacionada con el conflicto en Irán añade una capa extra de complejidad al panorama financiero global.

Los precios del petróleo mantienen una marcada sensibilidad ante cualquier cambio geopolítico en Medio Oriente, mientras las empresas procuran ajustarse a un escenario internacional que se vuelve cada vez más incierto.

En este escenario, los discursos, los reportes económicos y las intervenciones de los miembros de la Reserva Federal pasan a tener un peso decisivo para los mercados.

Una política monetaria cada vez más condicionada por la geopolítica

La evolución reciente de la guerra en Irán demuestra hasta qué punto la política monetaria moderna depende también de factores geopolíticos.

Lo que inicialmente parecía un conflicto regional comenzó a influir directamente sobre inflación, cadenas de suministro, expectativas económicas y decisiones de tasas de interés en la mayor economía del mundo.

La Reserva Federal enfrenta ahora el desafío de gestionar riesgos que van mucho más allá de los indicadores tradicionales de empleo y consumo.

Mientras la guerra siga provocando dudas en torno al suministro energético, la provisión de bienes y la estabilidad mundial, es probable que las presiones sobre la política monetaria de Estados Unidos continúen intensificándose.

Por ahora, el banco central deja abierta la puerta a eventuales ajustes tanto al alza como a la baja, aunque las tensiones internas en aumento evidencian que alcanzar la estabilidad económica podría resultar un proceso bastante más arduo y extenso de lo que se creía hace solo unos meses.