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¿India o Bharat? Una invitación para el G-20 desata la polémica sobre el posible cambio de nombre del país | Internacional

¿India o Bharat? Una invitación para el G-20 desata la polémica sobre el posible cambio de nombre del país | Internacional

El primer ministro de la India, Narendra Modi, durante un acto en Australia el pasado mes de mayo.STRINGER (VIA REUTERS)

La invitación para una cena oficial en el marco de la cumbre del G-20 en Nueva Delhi ha desatado en la India un tenso debate acerca de la posibilidad de un cambio en la denominación del país. En la versión inglesa de la carta, la mandataria del país, Droupadi Murmu, se define como presidenta de Bharat. La denominación rompe con la tradición según la que, en inglés, las altas autoridades del país utilizan el topónimo India, mientras Bharat es utilizado en el idioma hindi. Murmu es una política del partido Bharatiya Janata (BJP), de ideología nacionalista hindú, cuyo líder es el primer ministro, Narendra Modi. Fue elegida para el cargo —de naturaleza ceremonial— con sus votos y los de otros partidos del espectro conservador.

La versión en inglés de la Constitución vigente se refiere al país como India. Un eventual cambio formal de la denominación requeriría una reforma constitucional, para lo que haría falta una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Parlamento. Eva Borreguero, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense especializada en Asia meridional, explica que el topónimo fue acuñado en el exterior, a través de una evolución de la denominación local del río Indo, para definir a los territorios más allá del curso de agua. “Los nacionalistas hindúes lo rechazan porque lo consideran un concepto exterior. Y, en cambio, abrazan Bharat porque es la denominación de la India hindú en los textos míticos”.

Concepto secular frente al pasado mítico

“India es un concepto histórico y secular”, prosigue la experta. “Es como la India se ha relacionado con el mundo a lo largo de la historia. Es un concepto de diálogo. Bharat es un concepto mítico hindú, refleja cómo se llama la India en los antiguos textos sánscritos, pero se pierde con él la dimensión secular y se excluye a los no hindúes. Básicamente, a musulmanes o cristianos”, dice Borreguero.

La formación del vocablo India es antigua, pero la prominencia que adquirió en la etapa colonial ha fomentado en el BJP y aledaños posiciones que sugieren que se trata de un nombre manchado por ese periodo de sometimiento.

El BJP no ha anunciado formalmente iniciativas para llevar a cabo el cambio, pero la carta del G-20 —precedida y acompañada de declaraciones de dirigentes del partido que consideran que hay que desprenderse del topónimo India— ha disparado la polémica. El episodio coincide con la convocatoria de una misteriosa sesión especial del Parlamento, prevista para septiembre, cuya agenda no se ha especificado todavía.

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El movimiento coincide además con la reciente conformación de una amplia alianza de partidos opositores liderados por el Congreso de Raúl Gandhi, y que precisamente ha sido bautizada como INDIA, acrónimo de Indian National Developmental Inclusive Alliance (Alianza Nacional India Inclusiva y de Progreso). Este es un gesto de los opositores que intentan evitar que Modi y su partido monopolicen el orgullo nacional. Varios representantes de la oposición han salido a criticar la carta de invitación y a rechazar la perspectiva de un cambio de nombre.

“Veremos qué ocurre. Desde luego, esta es una vieja aspiración del nacionalismo hindú. Ya ha habido cambios de nombres de ciudades en tiempos recientes”, señala Borreguero.

Además de los cambios de nombres, Modi y el BJP también promueven pasar de página con respecto a lugares simbólicos, como la sede del Parlamento nacional, un edificio colonial en Nueva Delhi, sustituida recientemente por otra, de gran escala, con una inauguración con gestos y símbolos muy vinculados a la tradición hindú —y un enorme protagonismo del primer ministro—.

La polémica sobre el nombre del país toca el nervio más profundo de la política india, el pulso entre el cambio de inspiración nacionalista hindú que promueve Modi con su partido y el apego a los valores de la Constitución que entró en vigor 1950, que defienden el partido del Congreso y sus aliados. El texto cuaja el consenso que dominó entonces, y durante décadas, de una visión inclusiva de una sociedad con una extraordinaria diversidad interna. El nacionalismo que propugna Modi cierra filas en el mayoritario segmento hindú de la sociedad, por encima de las antiguas divisiones de castas. Pero, según denuncian la oposición y muchos expertos internacionales, margina otras comunidades, abriendo una brecha que alimenta tensiones ya graves ahora y que podrían en el futuro resultar explosivas.

Mientras el país crece a considerable ritmo económico y cosecha éxitos como los logros de su agencia espacial, múltiples centros de estudios internacionales registran en los últimos años un fuerte deterioro de la calidad democrática.

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