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Europa refuerza los controles de fronteras por miedo a la crisis migratoria | Internacional

Europa refuerza los controles de fronteras por miedo a la crisis migratoria | Internacional

Las tensiones entre Estados miembros de la UE por temor a una crisis migratoria aumentan. Tras la decisión de Alemania la semana pasada de reforzar los controles temporales en sus fronteras con Polonia y la República Checa por el aumento de la inmigración irregular, este martes, esos dos países, y también Austria, han anunciado que introducirán registros transitorios a lo largo de sus límites con Eslovaquia. Las autoridades de Varsovia y Praga argumentan que es para frenar los flujos migratorios y la actividad de los contrabandistas. Los controles —que se unen a otros dentro del espacio Schengen en una fórmula que se perpetúa— durarán diez días con posibilidad de prórroga. Mientras, el debate migratorio se inflama en la UE ante el aumento de llegadas a cifras previas a la pandemia de covid-19. Eslovaquia ha cargado contra la iniciativa de sus vecinos y ha reclamado una “solución europea”.

“Esta es una medida necesaria”, ha defendido el ministro checo del Interior, Vit Rakusan, en la red social X (antes Twitter). “Los controles se realizarán aleatoriamente a lo largo de toda la longitud de la frontera con Eslovaquia, de tal manera que se limite lo menos posible el tráfico transfronterizo y no sobrecargar innecesariamente el tráfico ni a los pasajeros”, ha añadido Rakusan. Austria, que ya tiene controles temporales en las fronteras de Eslovenia y de Hungría, reforzará la vigilancia también en la linde con Eslovaquia. “Debemos controlar eficazmente antes de que los traficantes de personas cambien de itinerario”, ha declarado el ultraconservador ministro del Interior austriaco, Gerhard Karner.

Entre junio y agosto de 2023, unos 39.200 migrantes irregulares llegaron por la llamada ruta de los Balcanes —una de las mayores vías de ingreso irregular a la Unión—, una cifra igual que la del mismo periodo del año pasado. Frente a otras que aumentan, como la del Mediterráneo Central (un 41%), la ruta de los Balcanes se mantiene, pero las tensiones en los países de entrada se agudizan. La inmigración es un tema enormemente divisivo y caliente en la UE y Eslovaquia, que no es punto tradicional de la ruta de los Balcanes pero que ha visto un aumento de llegadas por sus fronteras, sobre todo de sirios y afganos que buscan ir a Alemania, está ahora bajo el foco.

Una política de inmigración más dura fue uno de los puntos clave del discurso político del ex primer ministro izquierdista de Eslovaquia Robert Fico, cuyo partido obtuvo una mayoría (aunque insuficiente para gobernar en solitario) en las elecciones del pasado sábado. Fico, un populista con posiciones pro Rusia, ha prometido que dará máxima prioridad a la protección de sus fronteras con Hungría. Este martes, el primer ministro eslovaco, Ludovit Odor, ha cargado, sin embargo, contra la medida de sus tres vecinos y ha asegurado que puede generar un efecto indeseado. “La migración necesita una solución europea en las fronteras exteriores”, afirmó en una declaración. “Cuando un país empieza a vigilar más su frontera, produce un efecto cascada, todos pagaremos por ello y el resultado será muy confuso”, ha dicho.

Mientras nuevos controles se extienden y los antiguos se eternizan en un espacio Schengen que la crisis migratoria de 2015 estuvo a punto de llevarse por los aires y que nunca se ha recuperado, el debate sobre las medidas para afrontar la situación se enrarece en toda la UE. Los Veintisiete llevan meses negociando el último capítulo del pacto migratorio —el llamado reglamento de gestión de crisis migratorias e instrumentalización—, pero la oposición de Italia, unida al tradicional veto de Polonia y Hungría, lastran el acuerdo que negocia la presidencia española del Consejo de la UE. Si no sale adelante hasta final de año, será difícil cerrar el pacto, una de las grandes apuestas de la Comisión de Ursula von der Leyen, que ahora se centra en sondear acuerdos con países de origen y tránsito para frenar las llegadas.

Como el enormemente controvertido que tiene con Túnez, al que ofrece apoyo económico a cambio de que gestione las fronteras y que está a punto de estallar porque al presidente tunecino, Kais Said, que está aprovechando el aumento de las llegadas para lanzar un nuevo órdago de negociación, ahora le parece “irrisoria” la ayuda.

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